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Tomando el Te con Winnicott

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En una obra de originalidad sorprendente el profesor Brett Kahr ha resucitado a Donald Winnicott de entre los muertos y le ha invitado a una memorable taza de te en el 87 Chester Square - su antigua residencia en Londres - donde los dos hombres discuten la vida y el trabajo de Winnicott en detalles convincentes. Con dibujos originales de Alison Bechdel, autora e ilustradora de Fun Home y Eres Mi Madre?, esta "entrevista postuma" sera la guia perfecta para los estudiantes y el regalo ideal para los colegas.

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10 Slices

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TAZA 1: La resurrección del Dr. Winnicott

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BK:Sra. Coles, ¿Cómo voy a poder agradecerle que me haya organizado esta reunión? Como bien sabe, siempre he querido hablar con el Dr. Winnicott.

JC:Bueno, yo estoy muy contenta de que hayamos podido organizarlo.

BK:Supongo que debe haber sido muy complicado.

JC:No, ni lo más mínimo.

BK:Seguro que sí…¿una entrevista póstuma?

JC:Es cierto que las entrevistas póstumas no son fáciles de conseguir. Hay que organizar todos estos permisos con…bueno, ya sabe usted.

BK:Sí, ya entiendo.

JC:El Dr. Winnicott suele rechazar la mayoría de solicitudes de entrevistas póstumas.

BK:¿Quiere decir que hay otras personas que se lo han pedido?

JC:¡OH, sí! Creo que recibimos dos o tres invitaciones de este tipo cada semana. En su mayoría, de estadounidenses. Pero cuando le expliqué al Dr. Winnicott que usted ya había escrito una biografía sobre él, me dijo que, si yo podía organizarlo, él estaría dispuesto a hablar para una grabación, sólo por esta vez.

 

TAZA 2: Cómo se forja un inconformista

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BK:¿Le está gustando el té?

DW:Sí, hacía mucho tiempo que no me tomaba una taza así. De lo más agradable, realmente. De lo más agradable. Entonces, ¿volvemos a nuestra entrevista?…¿A nuestra taza de té póstuma?

BK:Tal vez podríamos comenzar hablando de su infancia.

DW:Bueno, nací en 1896…durante el ocaso del reinado de la vieja Reina.

BK:Se refiere usted a la reina Victoria, claro.

DW:Sí, la reina Victoria. Yo era demasiado pequeño en 1897 para recordar la celebración de sus 60 años en el trono—sería un bebé, y aún no podía leer la prensa—pero sospecho que fue muy emocionante todo, y yo creo que a lo mejor percibí tanta emoción. Pero sí recuerdo la que se lió con su muerte, unos años más tarde, en 1901. Todos los periódicos salieron a la calle con un borde negro alrededor, como marca de respeto, de honor y de duelo.

BK:Un momento muy diferente de la historia británica.

DW:Oh, sí, en esa época nos educábamos en un período de gran ignorancia de todo lo que tuviera que ver con lo psicológico. No éramos psicológicos, pero éramos reverentes. Respetábamos a nuestros mayores.

 

TAZA 3: Un médico mediocre

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BK:Bueno, tal vez podemos volver a hablar de su evolución profesional como médico.

DW:Me fui a Londres para seguir con mis estudios de medicina. Fue un alivio estar de vuelta en tierra firme después de todos esos meses en el Lucifer. Como usted sabe, yo ya había estudiado las ciencias naturales básicas en Cambridge, con mi licenciatura de tercer grado, pero no había empezado con mi formación clínica formal todavía. Así que entonces me puse con ello. Y como en Cambridge no había escuela clínica de postgrado en aquella época, había que venir a Londres para poder terminar los estudios.

BK:¿Cómo le fue en Barts?

DW:Veo que se las sabe usted todas. Todo el mundo le llamaba Barts al hospital, nunca “St Bartholomew's”. Sólo un turista diría “St Bartholomew's”. ¿Qué cómo me fue? Bueno, esa pregunta no es fácil. Ve usted, en cierto modo, me fue bien en principio, y aprendí mucho de medicina clínica, pero en otro nivel fue un fracaso. Realmente ninguna de las disciplinas tradicionales y respetables de la medicina formal me enganchó con apasionamiento. Tenía algunos camaradas que devoraban cualquier clase de anatomía, cualquier manual quirúrgico, cualquier muestra patológica. Pasaban todo el tiempo estudiando, y los listos incluso empezaron a escribir comunicaciones médicas ellos solos—comunicaciones médicas en toda regla—frecuentemente antes de llegar a la graduación. Pero yo nunca tuve ese sentido de misión o esa aptitud. Yo era el más literario, el más musical. En realidad, yo no era científico en absoluto, al menos no en el sentido tradicional.

 

TAZA 4: En el diván de Strachey

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BK:¿Cómo describiría la práctica del psicoanálisis en la década de 1920? ¿Difería mucho del psicoanálisis que usted llegó a practicar en los años 1930 y 1940, y después?

DW:¿Sabía usted que, en los primeros tiempos, antes de ser yo mismo analista, los pacientes solían acudir seis días a la semana, en lugar de cinco? Íbamos todos los sábados, además de de lunes a viernes. Debo decir que me resultaba un poco agotador, y que esa práctica desaparecería gradualmente. Pero Freud siempre había trabajado los sábados, por lo que, en consecuencia, todos sus discípulos también lo hacían. Para quienes tenían muchos problemas—los que eran más borderline o psicóticos con temor a ser abandonados—la sesión del sábado debía haber sido indispensable, un regalo del cielo. Pero yo vivía en Surbiton, en Surrey, con Alice, y me resultaba muy incómodo venir en tren al centro de Londres los sábados para tener mi sesión, sobre todo si no tenía horas de consulta en Paddington Green (que a veces sí tenía).

 

TAZA 5: La Sra. Klein y los subkleinianos

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BK:Habíamos empezado a hablar de la Sra. Klein…

DW:Vamos a terminar con todo esto de Melanie, ¿de acuerdo? Y después llamaré a la Sra. Coles de nuevo.

BK:Eso estaría muy bien.

DW:Bueno, pues el Sr. Strachey me dijo que Melanie Klein había llegado a Inglaterra desde Alemania, y que ella había comenzado a causar bastante revuelo en la Sociedad Psicoanalítica Británica, ya que no sólo había hecho grandes avances en el trabajo infantil, sino que también se había atrevido a desafiar las ideas de Anna Freud. Y eso era una herejía, ya sabe usted. Aunque Anna Freud todavía no había llegado a Inglaterra—algo que no pasaría hasta 1938, con los nazis—, todos considerábamos a Anna Freud como la decana del análisis de niños. Realmente había llegado a dominar el campo, según la mayoría de la gente. Y ella era la hija del profesor Freud. Así que, para Klein, incluso manifestar en voz baja su desacuerdo con Anna Freud…bueno, ya se puede imaginar lo que era.

BK:Pero Jones apoyaba a Klein. Y Strachey apoyaba a Klein. Dada la importante relación que tenía usted con cada uno de ellos, debería haber…

 

TAZA 6: Tambaleándose hacia la guerra

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BK:¿Tal vez, podríamos volver a nuestro relato cronológico?

DW:Perdone mis idas y venidas. Pero así es como funciono yo.

BK:Oh, no pasa nada. ¿Sería justo decir que, como resultado de su candidatura en el Instituto de Psicoanálisis, y de su contacto con Melanie Klein y los demás, usted se embebió de la ética freudiana durante sus años de formación, pero que después llegó a hacerla suya propia?

DW:Sí, así es. Me saqué el título en 1933, más o menos. Soy muy malo con las fechas, pero creo que fue en 1933, a pesar de que no leí mi discurso completo de ingreso hasta el año 1935. Todo esto lo puede comprobar, supongo.

BK:Sí, usted leyó su discurso de ingreso en 1935.

DW:¡Resulta tan útil que le recuerden a uno todo esto! Recuerdo muy bien esa noche, era mi primer artículo para mis compañeros mayores. ¡Yo era tan joven entonces en comparación con mis maestros! Y yo quería que les gustara, especialmente al Sr. Strachey, a Melanie, y al Dr. Jones.

BK:Y usted no sólo completó la formación en el trabajo psicoanalítico con los adultos, sino que también siguió con la formación en el psicoanálisis de niños.

 

TAZA 7: Sobrevivir al odio

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BK:Entonces, la guerra terminó en 1945, y durante esos años usted había conseguido muchas cosas.

DW:Bueno, lo más importante de todo es que conseguí sobrevivir.

BK:Por supuesto. Todo el mundo debe haber estado tremendamente preocupado por una invasión nazi y por sobrevivir.

DW:Oh sí, todos bromeábamos sobre lo que los nazis nos harían si se hicieron cargo del gobierno. No me cabe duda de que me habrían fusilado y tal vez torturado antes. Los psicoanalistas son figuras muy sospechosas, ya sabe usted, y yo habría sido de los primeros a los que habrían metido en el círculo. De eso estoy completamente seguro.

BK:Pero usted sobrevivió.

DW:Sobreviví.

BK:Y también, usted ya era una figura clave en el mundo de la radio.

DW:Sí, y más aún, me había alejado de la guerra con una nueva teoría de comportamiento antisocial, vinculándola a la privación, al abandono, a la separación, y todo eso.

BK:Bowlby también había llevado a cabo un trabajo similar con delincuentes juveniles.

 

TAZA 8: Un curso intensivo en conceptos winnicottianos

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BK:Si pudiera empezar, tal vez, por explicar sus puntos de vista acerca de cómo un recién nacido se convierte en adulto, es decir sobre la forma en la que madura un bebé, eso sería indispensable para los alumnos y, creo que también, para los profesionales experimentados.

DW:Puedo intentarlo. Pero le advierto que no tengo las ideas muy ordenadas.

BK:¿Cómo llega un bebé al mundo? ¿Cuál podría ser el estado psicológico del bebé en ese momento?

DW:Bueno, tal vez tengamos que empezar por hacer la pregunta de por qué un bebé viene al mundo.

BK:Sí, por supuesto.

DW:Hace años, hice una referencia de pasada a la etapa que llamé la de ser “concebido”. En otras palabras, todos comenzamos no sólo como un brillo en los ojos de nuestros padres, sino que empezamos como una fantasía en la mente de nuestros padres. Ellos ya han dado a luz a un bebé en su cabeza mucho antes de que se produzca el acto sexual. Por lo tanto, supongo que lo que estoy tratando de decir es que el desarrollo y la formación del carácter comienzan mucho antes de que el bebé llegue al mundo.

 

TAZA 9: El consultorio al rojo vivo

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DW:Pero mire usted, me he ido por las ramas. Aun así, me parece que hemos hablado de muchas cosas. ¿Es esto lo que quería de mí? Porque me gusta ser útil, de verdad.

BK:Todo ha sido muy útil. Gracias. Espero que los estudiantes puedan ser capaces de utilizar el texto de esta conversación como un mapa para guiarse a través de la espesura cada vez mayor de los conceptos winnicottianos.

DW:Oh, bueno. Pero mire usted, puedo ver que todavía nos queda un poco de cinta libre. Vamos a darle un buen uso. ¿Qué otra cosa cree usted que la gente querrá saber?

BK:Bueno, no se si atreverme a preguntarle en este momento sobre sus teorías acerca de la técnica, de la práctica psicoterapéutica y psicoanalítica. Eso nos llevaría a un territorio muy profundo que, en mi opinión, no se puede condensar en una breve charla. Pero tal vez…

DW:¿Algunas ideas generales sobre todo esto?

BK:Sí, algunas ideas generales vendrían muy bien.

DW:Con mucho gusto.

BK:Usted ya ha descrito el encuentro clínico como algo que tiene la capacidad de llegar al “rojo vivo”. Es de suponer que, tanto el psicoterapeuta como el paciente tienen el potencial de llegar a ponerse muy nerviosos, de implicarse mucho, de intimar mucho, de estar muy desconcertados…

 

TAZA 10: Un director de orquesta en el psicoanálisis

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BK:Entonces, ¿sería tan amable de continuar con su historia personal, alrededor de 1950?

DW:Por supuesto. En 1950, ya había tomado la dolorosa decisión de dejar a mi primera mujer y casarme con Clare. Ya ve usted, en enero de 1949 tuve el primero de varios ataques al corazón, y Alice y yo nos distanciamos cada vez más durante este tiempo. A ella le resultaba bastante difícil cuidarme. Siempre había sido yo el médico, y ahora, ya ve usted, me había convertido en el paciente. Y para complicar las cosas, Clare me quería, y yo la quería. Habíamos llegado a conocernos el uno al otro cada vez mejor durante los años de la guerra en los que yo había trabajado en Oxford y ella también había trabajado en Oxford. Así que le dije a Alice que nuestro matrimonio debía terminar. Se lo dije directamente.

BK:¡Qué dolor!

DW:Fue muy doloroso, porque yo todavía quería a Alice. Pero yo quería a Clare de una manera diferente. Así que me divorcié de Alice—o, técnicamente, creo que fue ella la que se divorció de mí. Pero terminamos, eso es lo que importa, aunque seguí en contacto con ella hasta el final. Nos escribíamos, ya me entiende. Creo que tuvo una vida muy triste después de acabar nuestro matrimonio, una vida muy solitaria. Pero si yo me hubiera quedado, creo que me habría muerto.

 

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